Comentarios del director
Ryanair tiene dos cosas maravillosas: a pesar de humillar a la gente en forma de reglas aleatorias, todavía aplauden al aterrizar, y la menos impresionante, te permite viajar a aeropuertos -que de otra forma estarían muertos- por lo que te cuesta una cena sobre mantel (para los mileniales: los manteles son como unas movidas para poner encima de las mesas, que solían ser de tela. También se usaban cubiertos para comer hasta que la optimización mató al sentido común)
El caso es que cogí uno de esos vuelos a Treviso, imagino que es la forma barata de ir a Venecia pero en este caso fui a Padua (que es una maravilla de ciudad aún no colonizada por el turista de Ryanair) que está a tiro de piedra de Verona, donde pasó toda la trama de novela adolescente-renacentista que hemos idealizado y creado algo histórico (Romeo y Julieta, para milenials). Es bastante increíble lo bien que venden los Italianos lo que tienen, empezando por la comida.
Paseando por Verona dimos con la catedral. Yo nací y pasé una tristísima infancia en un pueblo con dos iglesias tremendas, no son catedrales pero harían sombra, literal, a muchas de las catedrales construidas en la misma época. Cuando ves algo todos los días pierde el valor por mucho que tenga, así que, aunque se que las catedrales son obras increíbles en muchos sentidos, me cuesta apreciarlo. En cualquier caso entré por inercia y poco de presión social, como buen discípulo de Ryanair.
Ojo, por un momento pensé que me salvaría de entrar, cerraban ese día antes porque había un concierto más tarde, pero ya había pagado, así que aunque fuesen 5 minutos tenía que rentabilizar la inversión. Justo al pasar el NFC se empezó a escuchar música clásica, la acustica era espectacular y ya solo esos 5 segundos merecieron la pena. Estaban ensayando lo que después sería el concierto y me pude acercar a los músicos que casi podía tocar los platillos.
El ensayo no era una reproducción del concierto pero sin vestir de gala, el director paraba cada poco tiempo para dar indicaciones, repetir una parte, ajustar el volumen (me perdonen por no usar la jerga adecuada) e iba haciendo pruebas de algunas partes de la obra, incluido el coro.
En resumen, disfruté más es esa media hora que de las obras del mismo tipo, todas ellas ejecutadas a la perfección, que he visto en mi vida.
Seguramente disfruté tanto no solo porque fue inesperado si no porque me aprecio mucho más los detalles cuando ves cómo está hecho, cuando se cometen errores, se aprecia mejor el esfuerzo y lo que cuesta mejorar ese último 10-20% (que nadie más va a notar, solo Dios lo ve). Me gusta más ver una repetición de un combate de Topuria comentado por Topuria que el propio combate, una repetición de la Indy500 con las decisiones tomadas por Palou que la carrera o decisiones de diseño que alguien tomó en una aplicación. Disfruté mucho más del podcast de la serie Chernobyl donde Mazin cuenta las decisiones que tomaron (por ejemplo, el idioma del rodaje) que de la ya de por si buenísima serie.
Hubiese pagado el doble de la entrada para ver el ensayo completo.


Behind-the-scenes... ¿Hay en ello algo de pulsión escópica? Abrir una ventana secreta al acto de creación y sentir una cercanía privilegiada con el artista. Me apunto el podcast de Chernobyl! :)
Voy a buscar el podcast de Chernobyl ya mismo. Gracias. Me ha encantado el comentario del director. Te lo digo como Gen Z que soy.